17 may 2021

Anorexia nerviosa: la lucha diaria y el temor a perder el control

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RESUMEN
Los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia nerviosa, son enfermedades mentales que cursan con complicaciones médicas, psiquiátricas y familiares. En este caso en concreto, existe una percepción distorsionada del peso. “Quienes padecen estos trastornos tienen en común la dificultad para aceptarse a sí mismos y alcanzar su maduración y pleno desarrollo. La insatisfacción corporal que les caracteriza es muestra de una profunda descalificación personal, así como el temor a perder el control (sobre la alimentación y de sus vidas), y el rechazo o la vergüenza de aceptar su problema”, declara Loreto Montero Soto, psicóloga sanitaria y especialista en trastornos de la conducta alimentaria en el Instituto Psicológico Cláritas.

Según Montero, “los datos epidemiológicos relativos a los trastornos del comportamiento alimentario venían indicando unas prevalencias de entre el 1 y el 10%, encontrándose entre las 10 causas más frecuentes de incapacidad entre mujeres y presentando el índice de mortalidad más alto de todos los trastornos mentales”. “Estudios recientes muestran una incidencia creciente, con un aumento preocupante en menores de 12 años durante la última década. Se estima que el 70% de los adolescentes no se siente a gusto con su cuerpo, y 6 de cada 10 chicas creen que serían más felices si estuvieran más delgadas”, explica la experta.

Con datos recogidos de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMGF), Montero incide que: “Ni la edad ni el sexo constituyen una barrera para la aparición de los trastornos de la alimentación, aunque las mujeres adolescentes son el sector de mayor influencia con una edad de media de 14 años”. “Desde la infancia hasta la vejez, la relación con la comida puede ser expresión de un malestar interno o con el ambiente”, refiere la profesional.

La pubertad es etapa de cambios de tipo biológico, psicológico y social. “La aparente irreversibilidad de estos cambios, las vías de presión social y la incorporación de la adolescente al circuito de producción y consumo de ocio, son los primeros problemas que refieren las pacientes en consulta”, asegura la psicóloga. Montero comparte tres aspectos clave en las pacientes con anorexia nerviosa: anticipan los cambios y se preparan para ellos de forma inadecuada; afrontan las situaciones con escasos recursos, habitualmente: trabajan más, comen menos y practican ejercicio y presentan una incapacidad significativa para afrontar las situaciones de estrés.

La pandemia ha sacudido nuestro bienestar personal
La incidencia de la anorexia se ha incrementado en crisis económicas y sociales. La actual crisis sanitaria no supone una excepción. “Los especialistas en la materia hemos notado el devastador efecto de la Covid-19 con un aumento abrumador de pacientes demandando atención médica y psicológica”, sostiene la especialista. “La anorexia nerviosa se viene diagnosticando desde mediados del siglo XIX. Podemos afirmar que llegó a España junto con el resto de patologías alimentarias en la década de 1980. En 10 años imbuyó todas las clases sociales. La población adolescente se convirtió en objeto de publicidad y consumo”, sostiene Montero.

La pandemia en la que nos encontramos inmersos ha impactado en todas las áreas de nuestras vidas, aumentado los niveles de incertidumbre, ansiedad y estrés. “El miedo a contagiarse y a contagiar, la demanda de responsabilidad, la exposición al sufrimiento, el cese de las actividades colectivas, la transformación de la vida académica, la reducción de los espacios de intimidad, son algunos de los problemas adicionales con los que se han visto obligados a lidiar las adolescentes”, refiere la psicóloga general sanitaria. “Conflictos familiares, probablemente agravados por la situación actual, pueden provocar en los hijos una baja autoestima que usualmente viene acompañada de desasosiego y tristeza. Estas cogniciones y sentimientos también contribuyen a la aparición de sintomatología alimentaria”, aclara.

La anorexia es una enfermedad que, diagnosticada y tratada en su periodo de inicio y con el apoyo de médico y familia, tiene un curso más favorable y un mejor pronóstico a largo plazo. “En las últimas décadas, la alarma social creada en torno a la anorexia nerviosa y la mayor y mejor información sobre esta, han posibilitado cambios positivos, un mejor afrontamiento clínico y recuperado la figura de los padres (quienes deben apoyar el tratamiento) como agentes de salud. Se suman los programas intensivos y un seguimiento prolongado, condición necesaria en la prevención de recaídas”, subraya la experta.

“Es una lucha constante contra ti misma. La comida se convierte en el centro de tu vida. Te despiertas pensando en ella. Muchas veces incluso sueñas con ella. Te aíslas del mundo. Ahora que estoy mejorando, he recuperado una parte de mis relaciones personales, pero la lucha no cesa”, expresa L. Fernández, usuaria -que pide mantener su anonimato- de la Asociación de bulimia y anorexia del Sur-Ourense.

F. Reinuaba, una joven de Chile de 20 años, se encuentra en tratamiento profesional a causa de la anorexia. Su familia detectó que tenía un problema en el confinamiento, aunque su particular calvario empezó con tan solo 13 años, y lo llevó en secreto hasta el confinamiento donde al vivir con otros miembros de su familia, comprobaron que no comía. “Todos los días me miro al espejo y veo a una mujer obesa y me dan ganas de vomitar. Sé que es un pensamiento equivocado, pero por ahora no puedo sentir otra cosa. Debo ser más fuerte porque retroceder un solo paso puede destruirme. Me gustaría decir a las madres que escuchen a sus hijos, porque algo superficial puede significar mucho más”, expone Reinuaba.

En las líneas de trabajo de los especialistas con los enfermos, se realizan grupos, talleres y debates para “estudiar sus mecanismos de defensa o resiliencia”, y atienden a: intentar entender y modificar los mecanismos de difusión de la anorexia nerviosa (la presión social adelgazante y la que se transmite en el colegio, el instituto o la facultad); analizar el papel de los adultos en la propagación de la enfermedad e identificar los recursos con los que cuentan los adolescentes.

La promoción de la salud se muestra hasta la fecha como la fórmula más eficaz para favorecer una adecuada prevención de la anorexia. “El objetivo es modificar conocimientos, actitudes y conductas con el empleo de técnicas de implicación y una metodología pedagógica activa, participativa y experiencial”, señala Montero. “Los estudios que producen mayores beneficios se dirigen a participantes con riesgo mayor para desarrollar una patología alimentaria, y son aplicados por profesionales de la intervención. La mitad de las intervenciones preventivas (51%) disminuyen los factores de riesgo para los trastornos alimentarios, y más de un cuarto (29%) reduce la patología actual o futura, lo que constituye unos resultados esperanzadores”, refiere la experta en trastornos de la conducta alimentaria. Montero asegura que: “la evaluación y detección de la anorexia nerviosa requiere de una evaluación integral de la persona que es difícil de realizar en atención primaria”. Y añade que es importante la valoración del estado nutricional y una entrevista clínica posterior al cribado que se contraste con otras personas cercanas al paciente, “algo que constituirá el punto de partida del proceso terapéutico”.

Encarar la enfermedad

“El abordaje terapéutico debe iniciarse inmediatamente para asegurar un mejor pronóstico y ser lo suficientemente intensivo. La decisión terapéutica irá desde el seguimiento médico ante conductas de riesgo hasta hospitalizaciones en los casos más graves. Siempre que sea posible se realizará el tratamiento de forma ambulatoria”, declara la profesional. Montero explica que los objetivos del tratamiento buscarán: “Normalizar las alteraciones biológicas, y tratar las psicopatológicas que originan y mantienen el trastorno”.

Los adolescentes, por su parte, deberán trabajar para conseguir:

-Desarrollar una imagen corporal satisfactoria y realista.

-Alcanzar independencia de sus padres, y conseguir la adecuada capacidad para cuidar de sí mismos y regular sus actos.

-Extender relaciones sociales adecuadas al margen de la familia.

-Conseguir el control, expresar adecuadamente los impulsos sexuales y agresivos emergentes, y consolidar la identidad personal.

-Elaborar un código moral, y hacer planificaciones para lograr obtener objetivos ocupacionales y de suficiencia económica.

Las funciones ejecutivas se ven afectadas por la desnutrición, algo que empeora el manejo del estrés en pacientes con anorexia nerviosa. “Incluso en la etapa incipiente, la enfermedad genera en el paciente una sensación de malestar que acentúa la impresión de fracaso al no alcanzar los objetivos marcados”, concluye la psicóloga.

Fuente periodística: Redacción Médica
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Fuente original: psiquiatria.com

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