11 nov 2017

El deporte frena la desprotección hormonal en la menopausia.

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La práctica deportiva entre las mujeres no ha hecho más que crecer en las últimas décadas. Los incuestionables beneficios para la salud son, obviamente, comunes para ambos sexos, pero la mujer tiene unas características biológicas que le confieren unos beneficios “diferenciales” al tiempo que un mayor riesgo de sufrir determinadas lesiones.

Eva Ferrer, coordinadora de la Unidad de Medicina del Deporte y responsable del Área Mujer y Deporte del Hospital San Juan de Dios, de Barcelona, explica que, de entrada, “existen diferencias anatómicas, como tener una pelvis más ancha, un centro de gravedad más bajo y un ángulo Q en el alineamiento de las rodillas distinto, todo ello orientado ancestralmente al parto. Y estos rasgos nos predisponen a padecer ciertas lesiones más que los hombres, especialmente de rodilla”.

En general, las actividades deportivas con impacto suelen tener más repercusiones negativas en las mujeres, “pero eso se solventa con facilidad haciendo trabajo físico para desarrollar una musculatura adecuada”. Con todo, la mayor laxitud articular de la mujer la hace siempre más proclive a problemas de entorsis.

A nivel fisiológico, las hormonas juegan un papel clave. En la práctica deportiva avanzada, en la que el objetivo es la mejora del rendimiento, se recomienda un tipo de entrenamiento distinto según el ciclo menstrual, en función de la fase folicular o lútea. “Por ejemplo, si se desea aumentar la fuerza, el trabajo se concentra cuando los estrógenos están más elevados”.

No obstante, el gran beneficio de las hormonas en la mujer es su carácter protector frente a trastornos cardiovasculares y óseos. Dado que esta protección se pierde con la menopausia, Ferrer subraya que “la actividad física en etapas previas nos permite hacer acopio de sus beneficios, ya que no es lo mismo llegar al momento de esta desprotección fisiológica habiendo hecho deporte o no, tanto a nivel cardiovascular como óseo. Si previamente hemos trabajado para tener unos huesos fuertes tendremos menos riesgo de osteoporosis con la desmineralización”.

En general, la actividad deportiva con impacto tiene más repercusiones negativas en las mujeres, pero eso se solventa trabajando la musculatura
De ahí la importancia de que las mujeres hagan ejercicio físico en la infancia y la adolescencia. Eva Ferrer remarcó recientemente este concepto en el Women 360º Congress, el congreso de salud y bienestar para la mujer directiva y empresaria celebrado en Sant Cugat del Vallés, en Barcelona. En su ponencia, en la que repasó los beneficios del deporte en cada etapa vital de la mujer, recordó que, según una encuesta del Consejo Superior de Deportes (CSD), el 70 por ciento de las niñas y adolescentes de los 12 a los 16 años dejan la práctica deportiva. “Es algo claramente negativo:en términos de salud dejan de ahorrar para el futuro, y aunque luego bastantes retoman el deporte, en la década de los 20 o de los 30, pierden años importantes”.

Se trata de una edad crítica, marcada por el paso de la enseñanza primaria a la secundaria. La encuesta del CSD señala que el poco tiempo libre del que disponen estas niñas y adolescentes -debido a la carga académica- prefieren dedicarlo a actividades relacionales más que al deporte, al contrario que los niños.

El progresivo retraso en la edad promedio de embarazo y parto aconseja, todavía más, mejorar la condición física, prepararse para el aumento de peso y los cambios hormonales, así como adaptar la actividad física a la nueva situación. “Hoy en día no hay duda de los beneficios de un embarazo activo para hacer frente al parto y al posparto”.

Décadas de los 40 y los 50

Ya en la década de los 40, la época de la perimenopausia conlleva cambios corporales como la ganancia de peso y la redistribución grasa. “Es un motivo de consulta muy habitual, y la recomendación no es otra que la actividad aeróbica, que ayuda a incrementar el metabolismo y a quemar más grasas”. Es también una etapa para realizar trabajo de fuerza -“habitualmente relegado en la mujer”- para fortalecer músculos y huesos, que se debilitan con los años.

En la década de los 50, la llegada de la menopausia comporta cambios cuyos efectos negativos pueden ser mitigados mediante el ejercicio físico. Es el caso del riesgo de incontinencia urinaria, depresión, síndrome metabólico y trastornos cardiovasculares. Además, puede ayudar a mitigar los síntomas vasomotores, como los sofocos.

Por último, en la década de los 60 y en adelante “se suele recomendar hacer aquagym y poco más, pero lo cierto es que este ejercicio de tipo aeróbico sin impacto, como también nadar, no ayuda a proteger los huesos”. Lo más aconsejable es combinarlo con el de impacto, como caminar o bailar, que aumenta la masa ósea, “pero que está claramente contraindicado si existe osteoporosis, por lo que siempre es necesaria la supervisión médica”. Se recomiendan, asimismo, gimnasia como yoga, taichí o Pilates; y para aumentar la resistencia, el trabajo con gomas, cuerdas e incluso pequeñas pesas.
Fuente original:Diario médico

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