19 may 2019

¿Por qué la alergia puede producir depresión y el estrés, ataques de asma?

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RESUMEN
Han pasado muchos años desde que la ciencia descubrió que los factores emocionales pueden mejorar o empeorar una alergia, exactamente más de un siglo desde que un famoso otorrinolaringólogo británico, Morell Mackenzie, observara que las personas nerviosas eran más propensas a sufrir ataques de estornudos más prolongados. Desde entonces, son muchos los ensayos clínicos que han confirmado una alta incidencia de síntomas aparentemente psicosomáticos entre los pacientes alérgicos.

Por ejemplo, una encuesta demostró que solo un 2% de 2. 000 personas que presentaron picazón y urticaria al ingerir varios alimentos resultó ser verdaderamente alérgico, cuando se les hizo las pruebas de la piel. Otra muestra es un reciente estudio alemán que demostró que pacientes con rinitis alérgica, a pesar de saber que estaban recibiendo un placebo, notaban que su picazón y sus secreciones fueron disminuyendo a medida que lo tomaban. ¿Qué quieren decir estos estudios? ¿Es qué nuestra mente es capaz de provocar una alergia?

Ansiedad y depresión, los principales factores de riesgo

“La alergia siempre se produce a través de dos fases consecutivas. Primero tiene lugar la fase de sensibilización, en la que se produce un primer contacto con el alérgeno externo a través de las mucosas o de la piel, lo que desencadena una respuesta inmunitaria en el individuo, pero sin manifestaciones clínicas. Después llega la fase alérgica o de reacción, también llamada fase clínica o sintomática, en la que se desarrollan los síntomas alérgicos en un segundo contacto con el alérgeno. Según el mecanismo de hipersensibilidad responsable de la alergia, los síntomas se producen de forma inmediata o retardada respecto de la exposición”, explica la directora del servicio de Alergología de la Clínica Creu Blanca, Inmaculada Herrera.

“Pero eso no niega que bajo estados emocionales negativos (ansiedad y depresión, principalmente) sea más probable desarrollar enfermedades relacionadas con el sistema inmune. Tampoco podemos negar, como llevan demostrando trabajos en el área de la psicoinmunología desde los años ochenta, una relación entre las exacerbaciones alérgicas y el estrés; este último puede empeorar los síntomas de la alergia al desencadenar la activación de las células implicadas en la reacción”, matiza la alergóloga. Según la especialista, los factores psicológicos influyen sobre todo en las reacciones alérgicas respiratorias (rinitis y asma), y en enfermedades cutáneas inflamatoriascomo la dermatitis (una enfermedad que ocasiona numerosas molestias ante las que hay que saber reaccionar) y la urticaria. “También ocurre en las reacciones alérgicas alimentarias, en las que estas emociones son exacerbantes, pudiendo dar lugar a reacciones tan fuertes como cuadros clínicos de anafilaxia, en los que la vida del paciente puede estar en juego”, añade Herrera.

Por su parte, el médico del servicio de Alergia del hospital Universitario La Paz Javier Contreras dice que “los trastornos por ansiedad ocurren con más del doble de probabilidad en personas que han tenido crisis de asma. Sabemos que en las situaciones de estrés -que afecta a la memoria- influye enormemente la activación de una parte del sistema nervioso denominada sistema vegetativo o autónomo. También que hormonas como los corticoides son producidas en mayor cantidad en momentos emocionales desagradables, y que disminuyen la capacidad de defenderse de nuestro sistema inmunológico. Pero, en realidad, los mecanismos por los que las emociones influyen en estas enfermedades son conocidos solo en parte”, admite el especialista.

Cuando vivir con los síntomas afecta a la salud mental

También se puede sufrir la situación inversa: que los pacientes con trastornos alérgicos terminen padeciendo ansiedad o depresión por culpa de los síntomas que les ocasiona la patología. Algunas investigaciones han descrito una posible relación entre enfermedades de tipo alérgico y trastornos de pánico y fóbicos como la agorafobia, y un reciente estudio publicado en la revista Frontiers in Psychiatry ha hallado una clara asociación entre la rinitis, el asma y la dermatitis con el hecho de sufrir ansiedad y depresión. Esta investigación sugiere que el mismo estrés que genera tener que vivir con los picores y las demás molestias de la alergia pueden generar episodios de depresión, aunque los científicos también han observado que el mismo tipo de inflamación que da lugar a los episodios alérgicos causa las enfermedades psiquiátricas.

Contreras confirma que sí existen enfermedades alérgicas que ocasionan gran sufrimiento y que no tienen mucha visibilidad. “Es el caso de los niños que tienen alergia a múltiples alimentos, algo que es cada día más frecuente. Hace unos años estas alergias alimentarias eran muy raras, pero hoy en todos los colegios hay niños con alergias alimentarias graves. Son niños sanos, pero si entran en contacto de forma accidental con lo que les produce alergia tienen una reacción que puede llegar incluso a que su vida corra peligro si no se actúa de forma rápida. Los pequeños viven esta situación con angustia, ya que tienen numerosas limitaciones y poca gente es consciente de su sufrimiento. Por ejemplo, no es raro que sean excluidos de actividades escolares, excursiones, cumpleaños de compañeros… por miedo a que tengan reacciones alérgicas”, dice el alergólogo. “¿Cómo no va a tener todo esto también impacto en su psicología y en su desarrollo?”, se pregunta.

¿Y si la consulta de alergología tuviera psicólogos clínicos?

La consulta de Contreras en el hospital La Paz se encuentra a diario con casos que pueden confundirse con alergias pero que, en realidad, esconden un motivo 100% emocional. “Es común encontrarse con pacientes que tienen brotes de dermatitis porque están viviendo situaciones familiares problemáticas o porque están en plena temporada de exámenes. Otro ejemplo son las personas con dificultad para respirar en momentos de ansiedad intensa, que pueden confundirse con crisis de asma. A veces llegar a diferenciar ambas condiciones es bastante difícil y puede llevar incluso a tratamientos erróneos”, explica el especialista.

Por todo ello en muchos países europeos los equipos que atienden a niños y adultos con enfermedades alérgicas graves ya incluyen psicólogos clínicose incluso trabajadores sociales en la consulta. Está demostrado que si los pacientes están viviendo momentos problemáticos por sus circunstancias personales, familiares o sociales van a notar un empeoramiento en los síntomas de sus enfermedades alérgicas. “¡Ojalá se hiciera también en nuestro país! El ser humano es una unidad, de manera que todo lo que nos pasa por la cabeza influye en nuestro cuerpo y al revés. Los síntomas que vive el cuerpo tienen su impacto a nivel mental y emocional, por lo que los médicos deberíamos tener siempre presente que separar el ámbito psicológico del corporal es algo que al final no ayuda a los pacientes”, opina el facultativo.

“Por otro lado, podemos aprovechar esta influencia entre la psique y el cuerpo para mejorar las enfermedades alérgicas e incluir intervenciones como el mindfulness, programas de entrenamiento en el manejo del estrés y otras técnicas psicoterapéuticas que han demostrado mejoría en la calidad de vida de las personas con enfermedades alérgicas graves, y también en los cuidadores”, concluye.

Fuente periodística: El País
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Fuente: psiquiatria.com

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