Psicoterapia postcognitiva

ORIENTACION POSTCOGNITIVISTA

Las terapias postcognitivas o postracionalistas centran el foco de atención en el sujeto como constructor de su propia experiencia, como partícipe en el proceso de conocimiento de la realidad, como ente activo en su intercambio con el ambiente en el que se desarrolla. Este punto de vista supone pues que la realidad de cada sujeto es única por lo que se intensifica la necesidad de entender la singularidad en el proceso de creación de la propia realidad.

Las intervenciones terapéuticas van a iniciarse con una búsqueda, con una necesidad de comprender cómo el paciente funciona a nivel emocional, cognitivo y relacional. Aunque el método para llevar a cabo esa búsqueda va a ser el intercambio verbal, es necesario resaltar que la terapia no es una conversación sin más, el terapeuta no es un conocedor de las respuestas ni un maestro. El terapeuta es alguien que entrega sus conocimientos y su implicación y que ofrece un espacio para la búsqueda, primero, y para el cambio después. Pero no sabe cuál ha de ser ese cambio de antemano, no es un profesor, un técnico ni un monitor que va a enseñar al paciente lo que no sabe. Lo que el paciente no sabe, tampoco lo sabe el terapeuta. Por eso, la única forma de encontrarlo es la reflexión conjunta, el análisis de las reacciones emocionales y conductuales del paciente dentro y fuera de la consulta, la búsqueda de patrones, de procesos que se repiten, de sus desencadenantes, de sus funciones, de su fin. La terapia requiere del paciente una actitud de búsqueda activa, de autoconciencia, de identificación de emociones y procesos, de análisis profundo, más allá de lo obvio, de sus motivaciones, deseos y miedos. Requiere también un gran nivel de confianza en el terapeuta para compartir la información que va desvelando pero sobre todo para mostrar ante el terapeuta lo que le hace un individuo único y singular y conseguir así un verdadero encuentro.

Será así mismo importante el análisis de los contextos social y relacional del paciente por lo que en ocasiones se requerirá la participación de personas significativas para él que proporcionen su propia visión del problema y, en caso de ser necesario, ayuden al cambio.

A medida que las hipótesis de funcionamiento emocional van surgiendo, comienzan a plantearse los cambios, en esta fase, el análisis se combina con la experimentación. Las propuestas para cambiar los factores responsables del malestar en el paciente surgirán tanto del propio paciente como del terapeuta. La creatividad y la asunción de riesgos van a ser imprescindibles en esta fase de la terapia.

La terapia requiere del paciente una actitud de búsqueda activa, de autoconciencia, de identificación de emociones y procesos, de análisis profundo, más allá de lo obvio, de sus motivaciones, deseos y miedos.