Neurología  Trastornos neurológicos y del desarrollo

Abr 13, 2026 | Sin categoría | 0 Comentarios

Un problema al margen del sistema: el trastorno del espectro autista (TEA) en adultos

Carmen Fernández BarcelonaActualizado Dom, 12/04/2026 – 08:00

María (nombre ficticio) tenía dificultades para trabajar en equipo y no se adaptaba, por lo que sufrió estrés e incluso crisis de ansiedad. Finalmente, optó por trabajar en su casa como autónoma. Un día escuchó una entrevista a un paciente con trastorno del espectro autista (TEA) diagnosticado a los 60 años de edad y eso la llevó a buscar información en internet y a pedir visita con Cristina Sanz, especialista en psicología clínica del Hospital Universitario Dexeus de Barcelona, uno de los pocos centros que en España cuenta con una unidad para pacientes adultos con TEA. Allí le hicieron varias pruebas y en enero de este año le diagnosticaron un TEA de nivel 1 o leve. «Me ha servido para varias cosas: entender qué me estaba pasando y cómo funciona mi cabeza; ir a terapia especializada, y explicárselo a mi familia y amistades para tener su compresión cuando, por ejemplo, prefiero no asistir a algún encuentro o, si lo hago, me voy antes de que acabe. Antes, seguir el ritmo social era para mí muy difícil, y ahora tengo la respuesta: es que no puedo», ha explicado. Su caso no es excepcional: en España podría haber unas 450.000 personas con TEA (el 1% de la población).

Sanz, la especialista del Hospital Universitario Dexeus a la que acudió María, ha informado a este diario de que hay un importante volumen de adultos de entre 40 y 60 años de edad que aún no han sido diagnosticados de TEA, un trastorno neurológico y del desarrollo, puesto que durante años el autismo se asoció principalmente con la infancia y con casos de mayor afectación.

El diagnóstico en adultos responde principalmente a una mejor comprensión del autismo como un espectro amplio, que permite identificar perfiles más sutiles, especialmente en personas sin discapacidad intelectual o con buen desarrollo del lenguaje, y a la mejora en las herramientas de detección. Los criterios diagnósticos se han ampliado en manuales como el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition (DSM-5), integrando diferentes presentaciones que antes se consideraban trastornos distintos o no tenían cabida en el autismo. También contribuye a una mayor detección en jóvenes y adultos con un TEA leve o sutil que en su momento no fueron evaluados correctamente el hecho de que «existe una mayor concienciación social y formación profesional»

No es raro que un adulto sea diagnosticado después de que lo haya sido uno de sus hijos, puesto que el autismo tiene una base principalmente genética, con una alta heredabilidad. 

Detrás del diagnóstico tardío hay mucho sufrimiento personal y afectación en el entorno familiar, laboral y social. Además, el 17,8% de las personas autistas presentan al menos un trastorno psiquiátrico diagnosticado, se acuerdo con la información de Sanz.Contenidos relacionados

El TEA implica un estilo de procesamiento y funcionamiento neurobiológico diferente al estándar, lo cual no es sinónimo de incapacidad funcional. Sin embargo, la interacción con entornos diseñados bajo normas sociales convencionales puede generar un desafío adaptativo constante que deriva en un desgaste emocional significativo para el adulto.

¿Por qué es importante el diagnóstico?

El diagnóstico permite, tal y como hacen en la unidad del Hospital Universitario Dexeus, ayudar al afectado con intervención psicológica para desarrollar habilidades como la organización, la gestión del estrés, la comunicación en el entorno profesional y la flexibilidad ante cambios. Además, se utilizan estrategias de entrenamiento en habilidades sociales y laborales, como la preparación de entrevistas, la comprensión de normas implícitas en el trabajo o el aprendizaje de rutinas estructuradas.

Cristina Sanz, especialista en psicología clínica del Hospital Universitario Dexeus de Barcelona.
Cristina Sanz, especialista en psicología clínica del Hospital Universitario Dexeus de Barcelona.

La evidencia clínica indica que la integración de la persona con TEA mejora sustancialmente cuando el entorno, especialmente el laboral y académico, realiza adaptaciones basadas en sus características específicas

Los adultos de más de 40 años de edad no diagnosticados suelen ser perfiles fuera del autismo clásico o severo; son perfiles más sutiles, que hasta hace no mucho no estaban ubicados dentro de lo que hoy se conoce como TEA. “Son perfiles que tienen buena capacidad intelectual; perfiles también femeninos. Las mujeres tienen más capacidad para imitar normas sociales, para seguir ciertos convencionalismos, aunque sea de forma aprendida y no espontánea”, ha indicado Sanz. Y otro detalle relevante: “Estos perfiles que tienden más al bloqueo, y no tanto a las conductas más explosivas, también pasan más desapercibidos”. Por ese motivo no se podían diagnosticar hace décadas, afirma Sanz.

Las implicaciones de la no detección en la infancia o juventud, aunque es algo heterogéneo porque no hay dos pacientes iguales, son «en la salud mental: problemas de autoestima, ansiedad, depresión y sensación constante de ser diferente y de no encajar y no saber por qué». Son personas que crecen y maduran «sin entender por qué les cuesta tanto lo que a otras personas aparentemente no les cuesta nada como es socializar, interaccionar con otros. Y esto, al final, tiene una repercusión evidente, pues cuanto más tarde es el diagnóstico, más problemas de salud mental se van arrastrando», añade.

Incomprensión ante la falta de respuesta normotípica 

La gente suelen decir de los afectados por un TEA que son más distantes, más fríos, poco sociables, se aíslan, no participan y son poco empáticos, porque igual no tienen la respuesta normotípica. Entonces se les demanda a nivel social algo a lo que no pueden dar la respuesta que se espera de ellos, remarca Sanz. 

A veces acuden a la atención primaria por problemas de ansiedad, estrés, depresión y para pedir bajas laborales, y ahí no siempre se les puede diagnosticar; «es difícil en una visita de diez minutos determinar si la persona quizá puede estar teniendo un procesamiento autista», dice Sanz.

Un problema del sistema, ha apuntado, es que hay muy pocas unidades hospitalarias especializadas en TEA de adultos; la mayoría están centradas en la infancia. Eso supone que el adulto afectado por un TEA que no fue detectado a una edad temprana, queda «al margen»; o que, cuando un menor o joven diagnosticado de TEA llega a la mayoría de edad, ya no tenga a dónde acudir. Sanz ha apuntado que, por todo ello, es frecuente que los afectados acaben buscando diagnóstico y tratamiento en el sector privado.

No obstante, su conclusión es positiva: “Aunque decimos que el diagnóstico es tardío, porque no se ha dado en la infancia, realmente nunca es tarde, porque el funcionamiento de la persona puede mejorar a pesar de tener la edad que tenga. Siempre se puede mejorar”.

y muchas personas con más de 40 años con autismo, especialmente leve, sin diagnosticar y muy pocas unidades hospitalarias especializadas para ayudarles.

Fuente: Psiquiatria.com